Desarrollo de la política cultural en Latinoamérica

Es imprescindible que los gobiernos latinoamericanos ratifiquen la necesidad de desarrollar políticas locales que fortalezcan una política cultural regional. Estas políticas deben ir más allá de enunciados y deben abordar aspectos sectoriales claves, promoviendo la diversidad cultural, la conservación y la puesta en valor de un patrimonio común, fomentando la colaboración entre países. Solo así se podrá garantizar la existencia de una institucionalidad sólida que refleje la riqueza y la identidad cultural de toda la región.
El surgimiento de políticas culturales democráticas en América Latina cobró impulso durante la década de 1990, coincidiendo con el paulatino declive de los regímenes autoritarios en toda la región. Sin embargo, la aplicación y evolución de estas políticas varió significativamente de un país a otro, reflejando contextos históricos, políticos y culturales diversos.

Imagen de Alberto Benini en Pixabay
Algunos países, como Colombia, adoptaron políticas culturales más tempranamente; luego lo siguieron otros, como Chile o Brasil. México, con su fuerte tradición de intervención estatal en la cultura, mostró un enfoque más continuo e intenso. Además, países como Perú, con un monumento arqueológico excepcional como Machu Picchu, dieron prioridad a la protección del patrimonio cultural, configurando sus ámbitos políticos en consecuencia. Por su parte, Brasil, México y Argentina, impulsados por mayores mercados e industrias culturales, ejercen una influencia sustancial en la configuración de la dinámica cultural regional.
La institucionalización de las políticas culturales ha adoptado diversas formas, como consejos, secretarías o ministerios, con estructuras territoriales diversas. Las trayectorias se han visto condicionadas por factores como las crisis económicas y las convulsiones políticas o los cambios de gobiernos, que alterado el curso del desarrollo de las políticas culturales.

En respuesta a estos retos, se han realizado esfuerzos para establecer relaciones multilaterales más estables. Iniciativas como la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) ampliaron sus objetivos para incluir las políticas culturales. La creación de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) en 1991 revitalizó el diálogo sobre cuestiones culturales y patrimoniales, lo que condujo al establecimiento de exitosos programas de cooperación como IberMedia, IberBibliotecas e IberMuseos, de entre una docena de programas.
Una iniciativa notable para su sector es el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), que desde hace cinco décadas ya, se ha convertido en una plataforma clave para la formación, la coordinación regional, en temas relacionados al fomento de la producción y circulación del libro, la promoción de la lectura y la escritura, la formación de los actores de la cadena del libro y el estímulo y protección de la creación intelectual, entre otras.
Ha habido también importantes avances en términos de producción e intercambio de información y datos culturales, especialmente gracias al trabajo de universidades y centros de investigación especializados.
Sin embargo, a pesar de esos avances, el impacto en la rearticulación de la diplomacia cultural latinoamericana y de las plataformas de cooperación aún tiene mucho espacio para crecer y aprender, especialmente cuando los países modifican, abandonan o simplemente omiten sus políticas culturales en cada cambio de gobierno.
La creación de espacios para el diálogo cultural entre países es crucial y debe ser incrementado, fomentando no sólo la cooperación intergubernamental sino también las oportunidades para compartir marcos de política cultural y debatir sobre lo que entendemos por patrimonio. El potencial para desarrollar una política cultural regional cohesionada es significativo, aprovechando los lazos históricos comunes y reconociendo las diversidades existentes en sectores como las artes visuales, la literatura, el cine, las artes escénicas y la gestión cultural.

Imagen: Secretaría de Cultura, Argentina en Flickr
La falta de estrategias de desarrollo de una política cultural regional conlleva riesgos significativos para la colaboración entre los países latinoamericanos que debemos evitar. De lo contrario, esto podrá desembocar en el debilitamiento de los lazos culturales y la reducción, e incluso la eliminación, de agregadurías culturales entre naciones, que ya son escasas. Este escenario podría conducir también, a una pérdida de relevancia en la escena política internacional, poniendo en peligro la propia institucionalidad cultural y la preservación de la identidad regional.
El reconocimiento, la visibilidad y el apoyo a las personas, organizaciones y comunidades de la sociedad civil que participan en iniciativas culturales son primordiales. Las políticas culturales internacionales desempeñan un papel fundamental en el pluralismo y el intercambio, y los Estados asumen el liderazgo en la colaboración con las comunidades para formular programas comunes y forjar conexiones significativas.
