Más de 60 bibliotecas, miles de vidas transformadas

El Premio a la Innovación en Bibliotecas Públicas llega a su edición Nº 20

Collage de imágenes sobre bibliotecas e innovación, incluyendo personas usando computadoras, una ceremonia de premiación, actividades educativas y grupos de niños participando en eventos.

Hay premios que reconocen edificios, colecciones o cifras. El Premio EIFL a la Innovación en Bibliotecas Públicas reconoce otra cosa: el momento en que una biblioteca decide que su comunidad no puede esperar.

Desde 2011, EIFL (Electronic Information for Libraries), una organización internacional que trabaja con bibliotecas de países en desarrollo y en transición, ha entregado 68 premios a más de 60 bibliotecas de África, Asia, Europa, América Latina y el Caribe. Ahora abre su convocatoria número 20, dedicada a un tema urgente: la alfabetización en inteligencia artificial. Antes de mirar hacia adelante, vale la pena recordar algunas de las historias que hicieron grande a este premio.

Chile: el Taller de Mujeres Luz de Luna

Dos mujeres sosteniendo un premio de innovación y un certificado en un evento de Beyond Access, con un fondo que muestra el logo de la organización.

El Bollenar es un pueblo de unos 7.000 habitantes, sin fábricas ni empresas. Las madres, a cargo de sus hijos, tenían muy pocas posibilidades de aportar ingresos, y en invierno, con el gasto en calefacción, cada peso extra contaba.

Hace más de una década, en la Biblioteca Pública N°56 nació el Taller de Mujeres Luz de Luna. Un grupo de mujeres se reunía dos veces por semana a coser, bordar y tejer con técnicas heredadas de sus madres y abuelas. La biblioteca les dio lo que faltaba: computadores gratuitos para investigar el mercado, mostrar su trabajo en internet, contactar fábricas y recibir pedidos sin viajar a la ciudad. El taller mejoró los ingresos y la vida de más de 60 personas.

Una de ellas, la señora Mónica Díaz, lo resumió en una frase inolvidable: “La biblioteca me ha agrandado el alma”.

Perú: “Aló BNP”, la biblioteca que llegó por teléfono

En 2020, cuando la pandemia cerró la Biblioteca Pública de Lima, parte de la red de la Biblioteca Nacional del Perú, muchos servicios pasaron a internet. Pero el equipo se preguntó qué pasaría con quienes no tenían computador ni conexión. La respuesta fue volver al teléfono.

Así nació “Aló BNP”: una llamada semanal de 30 minutos en la que un lector asignado leía a cada persona inscrita, acompañándola durante dos meses. Partió con tres bibliotecarios y ocho usuarios, y pronto superó las 200 personas atendidas, la mayoría adultos mayores aislados por el riesgo de contagio. La mayor tenía 95 años. Para responder a la demanda, se sumaron más de 100 lectores voluntarios.

Un lector contó que una señora le confesó que vivía sola y que escucharlo recitar poemas le había alegrado el día. No hizo falta tecnología de punta, solo imaginación y la convicción de que nadie debía quedar fuera.

Colombia: los niños kankuamos, guardianes de la Sierra

Dos niños posando en un entorno rural, el niño a la derecha usa auriculares y sostiene un dispositivo de audio, mientras que la niña a la izquierda lleva un collar y sostiene un objeto rectangular.
Foto Biblioteca Kankuaka

En la Sierra Nevada de Santa Marta, territorio sagrado para el pueblo kankuamo, la minería amenaza el ecosistema y un modo de vida ligado a la tierra. La Biblioteca Pública Kankuaka respondió con los niños.

Cada sábado, en el #Kandurumalab, un espacio equipado con cámaras y grabadoras, niñas y niños salían a entrevistar a los mayores, fotografiar la vida del pueblo y recolectar objetos tradicionales. Con apoyo de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y de la Universidad Javeriana, convirtieron esa investigación en películas y animaciones.

Una de ellas, El Guardián de la Sierra, basada en sus dibujos, cuenta la lucha de un robot comunitario contra un robot minero, y recorrió festivales de cine en todo el país. En el camino, abuelos y nietos volvieron a conversar sobre cómo cuidar su territorio.

Guatemala: las “Semillas de Sabiduría” de San Juan La Laguna

A orillas del lago Atitlán, la Biblioteca Comunitaria Rija’tzuul Na’ooj (“Semillas de Sabiduría”) nació en 1989 gracias a vecinos y maestros que donaron sus propios libros. Atiende a unas 14.000 personas, en su mayoría de los pueblos maya tz’utujil y k’iche’. Sus mujeres son tejedoras excepcionales, pero sin formación en negocios quedaban a merced de intermediarios que pagaban muy por debajo de lo justo.

En 2013, la biblioteca abrió un Centro de Negocios. Las tejedoras aprendieron a incluir en sus precios el valor de su trabajo, a llevar sus cuentas, a vender en línea y a promocionarse en redes sociales. Incluso crearon un mapa con GPS que guiaba a turistas y compradores directamente a sus talleres. En solo cuatro meses se capacitaron más de 380 mujeres.

Rosalinda Tay, que vendía en línea sus sombreros hechos a mano, lo dijo así: “Siempre me siento bienvenida en la biblioteca”.

Mujer con sombrero escribiendo en un teclado de computadora en una biblioteca.
Fotos: Fundación Riecken

Bibliotecas que, literalmente, salvan vidas

En Rumania, los bibliotecarios de Iași supieron que una de cada tres personas que sufre un accidente grave en su país muere por falta de primeros auxilios. Se capacitaron con la Cruz Roja y crearon un programa que, en un año, formó a 90 bibliotecarios de 86 bibliotecas y, a través de ellos, a más de 2.000 personas. Tiempo después, una profesora contó que su sobrino comenzó a ahogarse durante un almuerzo familiar. Recordó la maniobra de Heimlich que había aprendido en la biblioteca y le salvó la vida.

En Uganda, la Biblioteca Pública de Hoima instaló un rincón de salud digital para combatir la malaria. Dos años después, una encuesta mostró que más madres tenían mosquiteros en casa y que más de la mitad dormía bajo ellos, especialmente durante el embarazo.

Nadie queda fuera

En Uganda, la Biblioteca Comunitaria de Kitengesa terminó con el aislamiento de más de 100 niños sordos. Por primera vez compartieron la biblioteca con el resto de la comunidad, y crearon un club donde son ellos quienes enseñan lengua de señas a los niños oyentes. En Ucrania, la Biblioteca Regional Infantil de Lviv combina formación digital con biblioterapia para acompañar a niños traumatizados de familias desplazadas por la guerra.

Y hay muchas historias más: furgonetas con libros e internet que recorrieron Bangladesh durante la pandemia, adultos mayores de Polonia y Croacia que aprendieron a usar internet y el teléfono inteligente, mujeres de asentamientos precarios de Katmandú que encontraron empleo, y jóvenes de Medellín que descubrieron su vocación de ingenieros en un club de robótica. Todas pueden leerse en la página de ganadores de EIFL.

Lo que estas historias nos enseñan para la era de la IA

A primera vista, unas tejedoras mayas o una llamada telefónica en plena pandemia parecen lejos de la inteligencia artificial. Pero estas bibliotecas respondieron, antes que nadie, las mismas preguntas que hoy plantea la IA.

Aló BNP pensó primero en quienes no tenían acceso a la tecnología. Los niños kankuamos pasaron de consumir contenidos a crearlos con sentido crítico y propio. Las tejedoras de El Bollenar y San Juan La Laguna usaron la tecnología para ganar autonomía y dejar de depender de quienes se aprovechaban de ellas. Enseñar a usar la IA con criterio, sin dejar a nadie atrás y en beneficio de la propia comunidad, es exactamente eso.

Estrella dorada con la inscripción 'Premio a la Innovación en Bibliotecas Públicas'.

La convocatoria de este año 2026: alfabetización en IA

La 20ª convocatoria busca reconocer programas de bibliotecas públicas y comunitarias que ayuden a las personas a desarrollar habilidades técnicas, a pensar críticamente sobre lo que produce la IA y a usarla de forma responsable y segura.

Los programas pueden ser presenciales o en línea, cursos independientes o parte de programas de alfabetización mediática e informacional, y pueden dirigirse a toda la comunidad o a grupos específicos, como jóvenes, mujeres, agricultores, niños, adultos mayores o personas con discapacidad. Algunos ejemplos que destaca EIFL van desde talleres para detectar deepfakes en Australia hasta estudiantes de Ghana que aprenden a usar ChatGPT para sus estudios.

Una oportunidad para las bibliotecas de Latinoamérica

Pensemos en un club de adultos mayores que aprende a reconocer una estafa hecha con voz clonada, en una biblioteca rural que enseña a agricultores a consultar el clima con un asistente de IA, o en un taller juvenil que analiza cómo y por qué se equivoca un chatbot. Si tu biblioteca pública, comunitaria o popular ya hace algo así, lo que hacen merece ser contado al mundo.

La buena noticia es que prácticamente todos los países de América Latina y el Caribe, incluido Chile, están en la lista de países elegibles.

Qué se gana: un trofeo, US$1.500 y difusión internacional. Puede haber más de un ganador.

Quiénes pueden postular: bibliotecas públicas o comunitarias con un programa de formación en IA iniciado en enero de 2024 o después, con al menos seis meses de funcionamiento, activo al momento de postular y con evidencia de resultados (número de participantes y testimonios). No califican los proyectos que buscan financiamiento para empezar, ni los que solo dan acceso a herramientas de IA o formación digital general sin un componente formativo propio.

Cómo postular:

  1. Descarga el formulario en español y redáctalo primero en Word.
  2. Descarga la página de firma, hazla firmar por un representante autorizado y guárdala en PDF o JPG.
  3. Prepara 3 fotografías del programa en acción. Si usaste IA para escribir o traducir la postulación, decláralo.
  4. Envía todo en el sistema de postulación en línea de EIFL. Se puede postular en español.

Plazo: lunes 26 de octubre de 2026. Más información en la página oficial y en las bases. Dudas: plip@eifl.net (en inglés).

No lo dejen para el último día, y no piensen que lo que hacen es demasiado pequeño. El Taller Luz de Luna también empezó con un grupo de mujeres, unas agujas y un computador.

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