
El viaje empieza en una biblioteca.
De manera misteriosa, prosigue allí, con la claridad de esas razones que ya antes se esconden en el cuerpo.
Michel Onfray
El Viaje
Desde el principio -mucho antes de la aparición de la idea de biblioteca, del libro o incluso de una lectura apenas incipiente- se manifiesta el deseo de viajar. Ese anhelo habita en el cuerpo y en las cosas. En consecuencia, todo se organiza en esa dirección: la concentración, la respiración, las ideas, la contabilidad e incluso las lecturas se preparan para el viaje. Así, el deseo de viajar se apropia de nosotros.
No obstante, este impulso inicial, lleno de entusiasmo y curiosidad, representa solo el comienzo de lo que está por venir.

Una vez iniciada la travesía, descubriremos si estamos hechos para el viaje, si deseamos permanecer en ese lugar, si preferimos ser visitantes ocasionales o, por el contrario, convertirnos en sus habitantes definitivos. Más adelante sabremos si disfrutamos del papel de esporádicos espectadores o si, por el contrario, estamos hechos de la madera del errante. Como dijese Michel Onfray, “cada uno se descubre nómada o sedentario, aficionado al flujo, a los transportes, a los desplazamientos o apasionado por el estatismo, por el inmovilismo y por las raíces”.
La figura del viajero se funde con la del bibliotecario que no habita un solo lugar, sino que lleva consigo el acto de leer y compartir.
Los argonautas de las bibliotecas
Los bibliotecarios que trabajan en edificios aman sus bibliotecas; disfrutan de ese refugio abierto, a la vez inmóvil y concurrido. Los argonautas de las bibliotecas, en cambio, aman el camino: un itinerario que cada día les depara paisajes cambiantes. Se trata del contraste entre el nómada y el sedentario. Naturalmente, esta no es una definición absoluta ni un arquetipo rígido: en ocasiones, el bibliotecario de edificio también desea viajar, y el argonauta también anhela permanecer quieto. Sin embargo, entre ambos existen diferencias.

Para comprender mejor esta dicotomía, es necesario ahondar en la relación que los bibliotecarios -sedentarios o itinerantes- mantienen con sus comunidades.
Los bibliotecarios de edificio conocen a su comunidad: a menudo, para diseñar un servicio, comprar libros e incluso construir la biblioteca misma, recurren a esa comunidad, recaban su opinión, estudian sus prácticas y necesidades. Muchas buenas bibliotecas materializan los anhelos y esperanzas más profundos de su comunidad. Incluso, algunas ayudan a dar forma a la identidad colectiva, a contar las historias locales, a compartir saberes y a preservar la memoria. Y, gracias a ese mismo conocimiento de la comunidad, estos bibliotecarios diseñan servicios móviles.
¿Qué ocurre cuando la biblioteca emprende el camino y va al encuentro directo de esas comunidades?
Ese nivel de cercanía y conocimiento del entorno se convierte en la esencia de lo que significa ser un argonauta de las bibliotecas.

foto de Biblioburro Oficial
Los argonautas, al volante de estos servicios móviles que suelen surgir desde la misma biblioteca, recorren un territorio amplio por rutas y caminos. Se relacionan con las comunidades directamente en sus calles y en sus casas, conocen a las personas por su nombre, se adentran en su intimidad y con frecuencia comparten su pan. Los argonautas no realizan necesariamente investigaciones formales para conocer a su comunidad; la tienen frente a sus ojos: saben cómo se llaman los pueblos, las calles, los barrios, en qué lugar se fabrica un buen queso o cuáles son las festividades de la semana en determinada localidad. Las conocen por sus costumbres y dialectos. Están dispuestos a sostener una buena conversación con quien tal vez ni siquiera sabe leer, llevan encargos a familiares queridos e, incluso, saben cuándo alguien cumple años en el pueblo.
Los argonautas adquieren la costumbre, cuando no el gusto, por el movimiento; esperan que, tras el cristal de su ventana, desfilen los cambios, habitando así la movilidad. Aunque para ellos la razón de ser es la comunidad a la que sirven, disfrutan de la independencia que supone trabajar sin supervisión inmediata, de la sensación de libertad y de la pasión por la sorpresa que brinda cada jornada, irremediablemente distinta.
Un argonauta puede sentir, al iniciar por primera vez sus labores, cierta soledad. En ocasiones viajan en pareja: uno conduce y el otro hace de mediador de lectura, aunque a menudo ambos roles son intercambiables. Sin embargo, muchos servicios móviles son unipersonales. En cualquiera de los casos, los argonautas llegan a apreciar, ya sea con el tiempo o de manera casi inmediata, la autonomía que les brinda estar fuera de la biblioteca local: el tiempo se percibe de otra manera, las conversaciones son diferentes y la forma de habitar el servicio adquiere olores y paisajes que cambian continuamente. Se produce entonces la paradoja de un marcado desarrollo de la individualidad -forjada en los caminos- y, a la vez, de una colectividad dispersa a lo largo de los pueblos que se visitan. El argonauta es una figura única que representa al servicio de la biblioteca móvil, una imagen que desaparece por completo cuando llega a un lugar y el protagonismo pasa a las personas, transformándose en lo más importante de esa biblioteca itinerante. El concepto de “biblioteca de la comunidad” cobra así mayor fuerza: en el instante en que el servicio móvil arriba a la plaza, la escuela, la feria o las calles donde se estaciona para brindar el servicio, es literalmente absorbido por la gente.

Foto de ACLEBIM
La dinámica del servicio móvil no solo transforma la relación con la comunidad: también cambia la forma de entender el trabajo y el ocio en la vida cotidiana del argonauta.
En el servicio móvil, trabajo y ocio pueden adquirir significaciones diferentes. Sin embargo, a veces ambos se funden: el viaje es parte del trabajo, pero también puede considerarse parte del ocio; prestar servicios al público es trabajo, pero también puede volverse un disfrute, y no solo por incorporar un componente lúdico. Veámoslo así: el servicio móvil llega una vez a la semana o, en algunos casos, cada quince días; por ende, no solo importa la rapidez del servicio y eficiencia en la atención, sino también la lentitud y el tiempo prolongado para hojear, conversar y compartir una taza caliente.
La biblioteca móvil cumple funciones que van mucho más allá de los servicios bibliográficos y el acceso a internet.
Debe hacerse una aclaración importante: la biblioteca móvil no es únicamente una prestadora de servicios bibliográficos y de acceso a internet. Una biblioteca móvil presta libros a estudiantes que los esperan con ansiedad, orienta a adultos necesitados, narra historias a quienes disponen de más tiempo, escucha a adultos mayores solitarios, socorre a adolescentes víctimas de abuso y brinda su ayuda; al mismo tiempo, conecta a las personas con otros servicios, intercambia recetas de cocina de diversos lugares, se convierte en mensajera de cartas y recados escritos a mano.
Así, la labor del argonauta se configura como un puente vital que conecta comunidades con un sinnúmero de experiencias y recursos.

En consecuencia, el argonauta es, simultáneamente, individualista y colectivo, solitario y comunitario, independiente y parte de un todo. Habita un tiempo social y colectivo, y a la vez posee un tiempo singular y asocial, como el viajero antiguo que no se guía por indicaciones o instrumentos, sino por su propia lectura del sol y de las estrellas.
No todos llegan a ser argonautas por voluntad propia: algunos arriban a este rol porque no había otra vacante, por cubrir una suplencia o, incluso, como una forma de castigo, una especie de ostracismo que los obliga a no estar nunca. Y no todos comprenden o empatizan por completo con esta tarea de un servicio que nunca permanece quieta, que siempre muda. Aun así, muchos -la mayoría- hallan en esta labor una forma de vida que se adapta a algo que siempre estuvo ahí, latente en su mirada y en sus pies.
Como todo viaje, esta experiencia también tiene un final, y el relevo pasa de un argonauta a otro en un ciclo continuo.
Cuando una biblioteca andante se pone en marcha, el argonauta obedece a una fuerza profunda, antigua y probablemente ancestral, que le da impulso y lo encamina por la ruta. No será siempre así: en algún momento, el argonauta lo dejará, tal vez cansado de tanta travesía, y otros heredarán el relevo de sus sendas. Entretanto, esa pasión y esa fuerza crecerán cada mañana, y su destino se concretará sin opción a renuncia.
Ponencia Inaugural
XI Congreso Nacional de Bibliotecas Móviles: Bibliobuses, para que nadie quede atrás.



[…] quede atrás, en el que tuve la maravillosa oportunidad de participar con la Ponencia Inaugural: Argonautas de las bibliotecas, en la que hice un repaso al heroico y fundamental trabajo que hacen los servicios móviles […]