Formas de volver a casa

Portada de la Revista Argia, julio 2023

En junio de este año fui invitado por la Asociación Vasca de Profesionales de Archivos, Bibliotecas y Centros de Documentación, Aldee, para presentar la traducción al euskera que ellos hicieron de mi libro “La biblioteca imaginada, jardín para sembrar comunidades«.

Cubierta de libro
de Maite Gurrutxaga

La ocasión fue extraordinaria, en el marco de una bellísima ciudad, Donostia, San Sebastián, en espectacular centro cultural y biblioteca, la Tabakalera, pudimos presentar una bella edición del libro, cuya cubierta fue iluminada por la gran ilustradora Maite Gurrutxaga y el prólogo, a cargo del escritor Iban Zaldua, con un inusual texto ficción, algo que no había visto para este tipo de libros. Ese es un texto que trataré de publicar en un futuro post. 

Con motivo de esa presentación, la emblemática Revista Argia me hizo una entrevista a cinco páginas, con un título que podría traducirse como «Hay que poner los libros al servicio de los que van a la biblioteca, no al revés», realizada por Gorka Peñagarikano Goikoetxea, con fotografías de Dani Blanco. La entrevista se convertiría en la portada del primer número de julio de este año.

Durante la conversación, abordamos la biblioteca como espacio de la comunidad y no sólo para ellas, entendiendo que las bibliotecas no pertenecen a los bibliotecarios o a las instituciones, sino a esa comunidad a la cual sirven. Y que estas no solo son almacenes de libros o simples puntos de acceso a la información o a las tecnologías. Deben ser depositarias del patrimonio, ese patrimonio que se construye a través de las interacciones de la comunidad.

Recordamos que el conocimiento está en las personas, que podemos aprender mucho de las personas: de las vivencias de un anciano que vivió la guerra, de un migrante; todos son importantes y necesarios. El conocimiento debe ser compartido y puede estar, al mismo tiempo, en libros o en grandes bases de datos, como también lo está en una biblioteca basada en personas.

Lo importante es entender que siempre se debe involucrar a la comunidad desde el principio. Se debe escuchar a la gente y satisfacer sus necesidades y deseos; ya no solo sus necesidades de información, sino también sus necesidades cotidianas, sus deseos de vida..

También hablamos del impacto económico que tienen las bibliotecas, porque son una inversión en la comunidad, ya que enriquecen el capital social y económico. La educación y el acceso a la lectura tienen un demostrado impacto positivo en el futuro de los jóvenes.

Artículo de la Revista Arguia, pgs. 42-47

Una anécdota: en el principio de la entrevista, Gorka, el periodista, me pregunta si el subtítulo del libro hace referencia a mi padre, que era paisajista, diseñador de jardines o jardinero, como le gustaba decir a él.

Mi padre murió este año, de él heredé este apellido y muchas cosas más; entonces la traducción del libro y su presentación en Euskadi, fue también la forma de cerrar un círculo y una forma de llegar a casa.

Un comentario

  1. […] En el artículo, el Grupo Liburutegia Denontzat demanda una mejor biblioteca para su comunidad y, especialmente, para los más pequeños. Y justifica su demanda apoyándose en el libro La Biblioteca Imaginada, Jardín para sembrar comunidades, cuya traducción al Euskera me publicara el año pasado la Asociación Vasca de Profesionales de Archivos, Bibliotecas y Centros de Documentación, Aldee, y sobre lo cual publiqué un post el año pasado aquí. […]

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