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La planificación cultural ha cobrado relevancia en las últimas décadas como una estrategia que integra cultura, historia e identidad de comunidades y ciudades dentro de sus procesos de desarrollo urbano, económico y de regeneración del tejido social. A diferencia de las políticas puramente artísticas, la planificación cultural busca involucrar y movilizar recursos, valores e intereses culturales de manera amplia, con el fin de generar impacto económico, social y urbanístico. Cuando se implementan, se fomenta la inclusión social, la participación ciudadana y la recuperación de espacios públicos depreciados o abandonados, al tiempo que refuerza la identidad cultural y promueve la diversidad.
La planificación cultural trae consigo enormes beneficios, así como su ausencia o sus implementaciones dispersas y erróneas trae la perdida de importantes oportunidades.
Para visualizar esto, analizaremos cinco experiencias reales en los que la planificación cultural ha sido aplicada de manera significativa o en proceso de consolidación: Sudáfrica, Ontario (Canadá), la República Checa, Liverpool (Reino Unido) y Vilnius (Lituania). Cada uno de estos casos ilustra enfoques y desafíos específicos, desde la transformación de ciudades con altos niveles de desigualdad, pasando por estrategias a nivel municipal, hasta la gestión de controversias relacionadas con monumentos y narrativas históricas. A lo largo de este recorrido, se evidencia la necesidad de diseñar planes culturales sensibles al contexto local, a las tensiones sociales y a las aspiraciones de las comunidades involucradas.

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Sudáfrica: planificación cultural y renovación urbana
En Sudáfrica, la planificación cultural ha desempeñado un papel fundamental en la regeneración de ciudades como Johannesburgo y Tshwane. No obstante, el contexto sudafricano presenta retos propios, derivados de la herencia del apartheid, la fragmentación gubernamental y la inexistencia de una política cultural nacional coherente. Como sostiene el investigador Mzo Sirayi:
“La planificación cultural, como motor del desarrollo comunitario, es esencial en Sudáfrica.”

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Este énfasis en la planificación cultural se explica por la necesidad de abordar problemáticas profundas de desigualdad y segregación. El objetivo no se limita a inyectar capital a la industria creativa; busca integrar la cultura en la vida de los barrios, promoviendo el diálogo y la reconciliación entre comunidades que históricamente han vivido separadas. La cultura se entiende, así, como una fuerza que impulsa mejoras sociales, económicas y urbanísticas. Tal como lo ratifica el profesor Sirayi, al afirmar que la planificación cultural “busca una gama de resultados sociales, económicos, urbanos y creativos”.
No obstante, la implementación real de estas visiones se ve obstaculizada por la falta de recursos y la escasa coordinación entre distintos niveles de gobierno. La planificación cultural en Sudáfrica se caracteriza, en muchos casos, por proyectos dispersos que no logran la continuidad necesaria para generar transformaciones profundas. Aun así, los esfuerzos locales en algunas ciudades sudafricanas demuestran que, cuando se logra una articulación efectiva entre políticas culturales, desarrollo urbano y participación comunitaria, la planificación cultural puede convertirse en una herramienta sólida para la integración y la reconstrucción social.
Ontario, Canadá: más allá de la política artística

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Ontario ha sido pionera en la adopción de la planificación cultural a nivel municipal dentro de Canadá. Este enfoque trasciende la simple promoción de las artes y busca inmiscuir la cultura en las estrategias de planificación urbana y en la formulación de políticas públicas. Jason Kovacs, en su estudio “Cultural planning in Ontario, Canada: arts policy or more?”, recalca la importancia de diferenciar la planificación cultural de la política artística tradicional. Según él:
“A diferencia de la política cultural tradicional, la planificación cultural adoptó un enfoque territorial de la cultura; y a diferencia de la política artística, la planificación cultural no se centró principalmente en definiciones estéticas de la cultura.”

Life & Culture Agency
Sin embargo, la realidad en muchas ciudades de tamaño mediano en Ontario es que la planificación cultural sigue marcada por una aproximación casi exclusiva a las artes. Esto termina reduciendo el espectro de acción que podría tener la cultura en ámbitos como la regeneración de centros urbanos, la revitalización de espacios públicos o la promoción de la cohesión social. Kovacs advierte que la intención no es dejar de lado el arte y la estética, sino comprenderlas como componentes de un panorama cultural más amplio.
Otro aspecto que ha limitado la aplicación integral de la planificación cultural en Ontario es la dificultad de influir sobre otras áreas de la gestión municipal. Aunque la planificación cultural debería intervenir en campos como la zonificación y la gestión del patrimonio, no siempre encuentra eco en las prioridades políticas de los municipios. Esto revela la necesidad de una mayor concienciación y coordinación intersectorial, para que las iniciativas culturales no se diluyan ni se vean como un simple complemento, sino como un eje que articule el desarrollo local.

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República Checa: una inspiración para los gobiernos locales
En la República Checa, la planificación cultural ha irrumpido como un enfoque relativamente nuevo, pero con un potencial significativo para el desarrollo local. Las expertas Kateřina Vojtíšková, Markéta Poláková y Věra Patočková lo describen como una estrategia innovadora, en la que se fomenta el compromiso de la comunidad y se optimiza el uso de los recursos culturales. Estas autoras destacan que:
“El entrelazamiento de la cultura con otros campos, como la vida económica y social, en el marco de la planificación cultural, puede contribuir al desarrollo de toda la comunidad local.”

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La experiencia checa señala que la planificación cultural no solo estimula la creatividad y la preservación del patrimonio, sino que también fortalece la cohesión social. Varias ciudades medianas y pequeñas han implementado procesos participativos para identificar sus recursos culturales y diseñar proyectos acordes a las necesidades concretas de la población. De esta forma, la cultura se posiciona como una vía para generar diálogo intergeneracional e intercultural, al conectar tradiciones arraigadas con la innovación y la diversidad contemporáneas.
No obstante, las investigadoras subrayan que uno de los mayores desafíos en la República Checa es la falta de conocimiento, dentro de la administración pública, sobre los alcances de la planificación cultural. A menudo, las autoridades locales no cuentan con formación o experiencia para conducir procesos participativos y articular la cultura con otros ámbitos de gobierno. Pese a ello, la implementación de proyectos piloto y la creciente atención académica sobre el tema indican que la planificación cultural checa seguirá expandiéndose. Ya sea para revitalizar zonas rurales o reactivar barrios tradicionales, la participación ciudadana y el enfoque integrado hacen de esta iniciativa un modelo inspirador para otros lugares.
Liverpool: modelo de planificación cultural

Foto: UNESCO
La ciudad de Liverpool, en el Reino Unido, se ha convertido en un referente de planificación cultural desde su designación como Capital Europea de la Cultura en 2008. Ese hito marcó un antes y un después en la forma en que las autoridades locales y la comunidad conciben la cultura como motor de desarrollo. Mark Gerard Connolly, al analizar la forma en que Liverpool gestionó esta designación, describe lo que se conoce como el “modelo Liverpool”: una combinación de regeneración urbana impulsada por la cultura y una evaluación crítica de los impactos de este enfoque.

Foto: National Museums Liverpool
La experiencia de Liverpool muestra que la cultura puede revitalizar no solo la economía y el turismo, sino también la autoestima de una ciudad históricamente asociada a la industria portuaria y posteriormente a la marginalidad urbana. Connolly explica que “la regeneración del paisaje industrial está en la parte superior de la agenda” y que, en ese contexto, la cultura opera como una herramienta eficaz para atraer inversión, impulsar el turismo y propiciar la participación comunitaria. La apuesta por grandes eventos, la mejora de la infraestructura cultural y la proyección de la ciudad a nivel internacional han tenido efectos positivos evidentes.
Sin embargo, el caso de Liverpool también expone las limitaciones de la cultura como palanca de regeneración sostenible. Hubo críticas sobre si la atención se concentró demasiado en el espectáculo y el turismo, en lugar de atender las necesidades de las comunidades desfavorecidas. Si bien los eventos culturales generaron ingresos y prestigio, no todas las zonas de la ciudad se beneficiaron por igual. Este contraste pone de relieve la importancia de vincular la dimensión creativa con políticas sociales e iniciativas a largo plazo, para evitar que los beneficios de la cultura se queden solo en las áreas céntricas o más turísticas.

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Vilnius: planificación cultural y controversias en los espacios públicos
En Vilnius, la capital de Lituania, la planificación cultural ha estado marcada por intensos debates en torno a los monumentos y la conmemoración histórica. La lituana Skaidra Trilupaityte evidenció que, en Vilnius, la planificación cultural se ve influida por posturas divergentes al abrir la participación. Al abordar el desmantelamiento o la instalación de determinados monumentos, se pone de manifiesto cómo la memoria colectiva y la identidad nacional inciden directamente en los planes culturales.
En este sentido, esta planificación en Vilnius se caracteriza por procesos democráticos y, con ello, también por tensiones. Por un lado, la ciudadanía se involucra activamente en los debates, lo que otorga legitimidad a las decisiones públicas. Y por otro lado, sostiene Trilupaityte, las diferencias pueden estancar las iniciativas culturales o desviar su finalidad hacia fines políticos. La académica y crítica de arte describe que la historia de la ciudad y el legado postsoviético se convierten en un campo de batalla simbólico, donde cada monumento y cada acto de conmemoración adquieren un significado político.

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Un caso emblematico de estas disputas fue la renovación de la Plaza Lukiškės, en Vilnius, generó una controversia durante el concurso de remodelación. La opinión de la gente se dividió en dos posturas principales:
- Otros, en su mayoría jóvenes, preferían un espacio más recreativo y un elemento que no evocara directamente el sufrimiento y las luchas históricas de Lituania.
- Algunos grupos, sobre todo de mayor edad, deseaban un monumento conmemorativo con símbolos tradicionales y una plaza oficial para eventos estatales.
El primer enfoque enfoque apunta a experiencias de regeneración cultural más orientadas al turismo o al desarrollo social y económico. En Vilnius, la cultura aparece fuertemente asociada a la construcción (y deconstrucción) de narrativas nacionales, lo que podría llegar a generar una planificación cultural altamente politizada. Aun así, este enfoque no deja de impulsar proyectos de renovación urbana y de desarrollo turístico. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la celebración de la identidad lituana, el reconocimiento de la diversidad cultural y la capacidad de gestionar controversias sin paralizar el progreso en la ciudad.
Contextos diferentes, necesidades similares
La comparación entre estos cinco contextos —Sudáfrica, Ontario, la República Checa, Liverpool y Vilnius— pone en evidencia la complejidad y diversidad de la planificación cultural. Aunque el objetivo general sea integrar la cultura en el desarrollo local, cada caso ilustra distintas prioridades, obstáculos y resultados:
- Sudáfrica lucha por armonizar iniciativas fragmentadas en un país con fuertes inequidades sociales y una historia de segregación. La planificación cultural es vista como un medio de sanación y reconstrucción comunitaria, pero requiere coherencia gubernamental y recursos suficientes.
- Ontario se presenta como un líder en la institucionalización de la planificación cultural a nivel municipal, aunque todavía confunde, en muchos casos, la planificación cultural con la política artística tradicional. El reto aquí es alinear la planificación cultural con otras áreas de gobierno, como la zonificación y la conservación patrimonial.
- República Checa evidencia un enfoque innovador en ciudades pequeñas y medianas, donde la participación ciudadana y la integración de la cultura con lo económico y social son la base del éxito. Falta, no obstante, mayor conocimiento y pericia en la administración pública para aplicar estos planes de forma consistente.
- Liverpool muestra cómo una gran estrategia cultural puede rejuvenecer la imagen y la economía de una ciudad, al tiempo que pone de relieve la necesidad de atender a las comunidades marginadas para que la regeneración no se concentre solo en los sectores más visibles y turísticos.
- Vilnius expone un tipo de planificación cultural tensionado en la participación, en el que la discusión sobre monumentos y símbolos nacionales genera debates públicos. Es un modelo más democrático en cuanto a participación, en donde debaten luchas identitarias y de visiones de ciudad. Así es cuando hay participación.

La planificación cultural se revela como una estrategia que, si bien comparte principios generales —participación comunitaria, enfoque global, visión a largo plazo—, debe adaptarse al contexto social, histórico y político de cada lugar. No es lo mismo regenerar un casco antiguo en una ciudad con tradición industrial que promover la reconciliación en un país con divisiones raciales profundas, o gestionar la memoria histórica en un territorio con un pasado político controvertido.
Estos ejemplos nos confirman que la planificación cultural puede estimular la economía, fomentar la inclusión y revalorizar el patrimonio, pero también pone sobre la mesa la importancia de un liderazgo político comprometido, de la intersectorialidad y de la flexibilidad en la ejecución de los planes.
En definitiva, la planificación cultural funciona mejor cuando se concibe como un proceso continuo y participativo, capaz de responder a las realidades cambiantes y de conciliar intereses diversos. Solo así se puede garantizar que los valores culturales se traduzcan en beneficios tangibles y duraderos para las comunidades, las ciudades y los países que apuestan por esta vía de transformación.
Artículos mencionados
Connolly, M. G. (2013). The ‘Liverpool model(s)’: Cultural planning, Liverpool and Capital of Culture 2008. International Journal of Cultural Policy, 19(2), 162–181. https://doi.org/10.1080/10286632.2011.638982
Kovacs, J. F. (2011). Cultural planning in Ontario, Canada: Arts policy or more? International Journal of Cultural Policy, 17(3), 321-340. https://doi.org/10.1080/10286632.2010.487152
Sirayi, M. (2008). Cultural planning and urban renewal in South Africa. The Journal of Arts Management, Law, and Society, 37(4), 333-344. https://doi.org/10.3200/JAML.47.4.333-344
Trilupaityte, S. (2021). Disagreement over monuments: Cultural planning of national jubilees and public spaces in Vilnius. International Journal of Cultural Policy, 27(2), 246-260. https://doi.org/10.1080/10286632.2021.1873969
Vojtíšková, K., Poláková, M., & Patočková, V. (2016). Cultural planning: New inspiration for local governments in the Czech context. The Journal of Arts Management, Law, and Society, 46(1), 22–33. https://doi.org/10.1080/10632921.2015.1121183
