La cultura como refugio

Reflexiones desde el Seminario Internacional “La Cultura como Bien Público”

Cartel del Seminario
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Hace algunas semanas me tocó participar en el Seminario Internacional: “La cultura como bien público”, organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través del programa Puntos de Cultura Comunitaria y su Departamento de Estudios, junto a Centro Cultural La Moneda. El objetivo del encuentro era objetivo reconocer y reflexionar acerca de la relación de la cultura con otros ámbitos de la vida social, poniendo en valor el impacto de la cultura como bien público a partir de casos y experiencias nacionales e internacionales.

Dentro de los invitados internacionales estaban: Jazmín Beirak, Directora general de Derechos Culturales en el Ministerio de Cultura de España, el filósofo argentino Tomás Balmaceda, especializado en Filosofía de la Tecnología y el Festival de Cine Muyuna, un particular festival de cine flotante se celebra anualmente en la ciudad amazónica de Iquitos, Perú.

Panel “Cultura y Desarrollo”

A mi me tocó participar en el panel: Cultura y desarrollo [video del panel], en donde estaba invitado junto Regina Rodríguez, directora ejecutiva Centro Cultural La Moneda y a Francisca Ramírez Ibarra, del Colectivo de Madereros de Tortel. En la moderación estaba Nicole Fuentes, Directora de Extensión de la Universidad Tecnológica Metropolitana, UTEM.

Panel Cultura y Desarrollo
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Justamente Nicole abrió el panel destacando la importancia de analizar la cultura como motor de desarrollo sostenible y como herramienta transformadora en contextos comunitarios y nacionales. Subrayó que el objetivo era explorar cómo diferentes actores culturales abordan la relación entre cultura y desarrollo desde diversas perspectivas: institucional, comunitaria y creativa.

La Perspectiva Institucional: Centro Cultural La Moneda

Regina Rodríguez, directora ejecutiva del Centro Cultural La Moneda, abordó la gestión cultural desde el punto de vista institucional, resaltando el rol de su organización en la promoción de la cultura como un derecho. Compartió los esfuerzos del CCLM para democratizar el acceso a expresiones culturales, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Asimismo, explicó su compromiso por fomentar que las personas no solo consuman cultura, sino que participen en su creación y difusión.

Regina Rodríguez
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“Nuestra misión no solo es exhibir cultura, sino garantizar que esta sea accesible, participativa y representativa de todas las voces.”

Rodríguez destacó la necesidad de dar visibilidad a diversas expresiones culturales —en especial las que surgen de comunidades indígenas y rurales— con el objetivo de generar un impacto más allá de sus contextos locales, conectando así con audiencias más amplias.

Bibliotecas como centros de transformación cultural

En mi intervención, puse énfasis en cómo las bibliotecas actúan como espacios de acceso al conocimiento y al mismo tiempo como plataformas de desarrollo social. Mencioné el ejemplo de la red de bibliotecas comunitarias indígenas en Guatemala y Honduras, sostenidas por la Fundación Reiken, donde las comunidades han convertido estos espacios en centros de revitalización de su identidad cultural. Estas iniciativas demuestran la capacidad de las bibliotecas de democratizar la cultura y promover la participación ciudadana, sobre todo en territorios marginados.

Gonzalo Oyarzún
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Gestión cultural participativa y descentralización

También propuse la necesidad de adoptar modelos de gestión cultural participativos de manera permanente, no solo a través de consultas temporales. La esencia de este enfoque radica en el diálogo constante con las comunidades locales, evitando la circulación cultural desigual que ocurre cuando las decisiones se toman centralmente, sin considerar las necesidades de regiones alejadas. Subrayé la importancia de establecer plataformas bidireccionales que permitan a las comunidades tomar parte activa en la toma de decisiones culturales.

“No podemos pensar que unas pocas personas en el Centro decidirán lo que necesita una comunidad en una localidad. Necesitamos diálogo permanente y soluciones bidireccionales.”

Cultura Comunitaria y Rescate del Patrimonio: El Caso de Tortel

Francisca Ramírez Ibarra, del Colectivo de Madereros de Tortel, aportó una visión comunitaria y enfocada en la preservación del patrimonio. Su colectivo mantiene viva la técnica de construcción con tejuelas de madera, esencial para la identidad local, en armonía con el entorno natural. En su presentación, expuso cómo estas prácticas culturales refuerzan el tejido social y, a la vez, promueven la sostenibilidad ambiental.

Francisca Ramírez Ibarra
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Ramírez Ibarra lamentó la falta de apoyo institucional y de recursos suficientes para sostener las iniciativas comunitarias a largo plazo, pese al importante impacto que generan en la identidad cultural y social de la zona. Señaló que esta labor colaborativa en Tortel no solo rescata tradiciones locales, sino que también fortalece la unión de la comunidad.

“La cultura de Tortel no solo está en las tejuelas; está en la conexión que tenemos con nuestro territorio y en cómo trabajamos juntos para preservarla.”

Conclusiones del Panel

Al final de la conversación pudimos concordar, a modo que conclusiones, en la necesidad de:

  1. Promover sistemas de gestión cultural participativa que incluyan la voz de las comunidades.
  2. Reconocer el rol de las comunidades locales en la creación, preservación y difusión cultural.
  3. Fortalecer la circulación cultural bidireccional entre el centro y las regiones, evitando una visión centralista.
  4. Alinear las políticas culturales con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entendiendo la cultura como eje transversal en el desarrollo.

“La cultura es el puente que conecta nuestras diferencias y fortalece nuestra convivencia como sociedad.”

«El Refugio»; un encuentro no tan casual

Al finalizar el panel de Cultura y Desarrollo ocurrió algo sorprendente para mi y estrechamente relacionado con lo que estábamos discutiendo. Mientras saludaba a la gente que se acercaba a conversar o preguntar algo, una chica se aproximó sonriendo desde lejos. Al principio no sabía si era alguien conocida, una colega o quizás una exalumna, hasta que llegó y me dijo: «Hola, soy Ana Recabarren, y quería darte las gracias».

Foto de Ana Recabarren

Ana me explicó que, cuando yo era director de la Biblioteca de Santiago y ella tenía entre 7 y 10 años, asistía todos los días desde la Villa Portales con su hermano menor. Quería agradecerme por el espacio que habíamos creado allí. Me contó que, aunque en su casa no le faltaba nada, tampoco tenía nada de más, y que la biblioteca le brindó todo lo que necesitaba: un lugar que transformó su vida. “La biblioteca también es un refugio”, me escribiría más tarde: “gracias por hacer”.

Hoy Ana es artista y bailarina urbana, y su experiencia refleja cómo una niña puede encontrar en una biblioteca un espacio para su desarrollo cultural, personal y de vida. Su historia para mí es un recordatorio del valor de las bibliotecas, de la cultura y, sobre todo, de la importancia de construir comunidades ricas en experiencias. Es un testimonio del poder transformador de un espacio público acogedor, gratuito y accesible para todos, sin distinciones de edad, género o condición social.

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