
¿Es posible pensar en el desarrollo de políticas culturales para un desarrollo sostenible? El planteamiento de cómo transitar hacia sociedades más sostenibles es cada vez más urgente. ¿Puede la cultura jugar un rol en este dilema?
En un artículo titulado “Políticas culturales para el desarrollo sostenible: cuatro caminos estratégicos”, sus autores, Nancy Duxbury, Anita Kangas y Christiaan De Beukelaer, proponen cuatro “caminos estratégicos” a través de los cuales las políticas culturales, las personas y organizaciones de las culturas y las artes pueden pasar de discurso a la acción.
A pesar de los esfuerzos de organismos como la UNESCO y otros actores internacionales, la cultura no se reconoce como un pilar clave en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) adoptados por las Naciones Unidas en 2015. Por lo tanto, se proponen cuatro caminos estratégicos que las políticas culturales pueden tomar para contribuir al desarrollo sostenible. Estos caminos responden a enfoques diversos que integran conceptos de sostenibilidad con perspectivas culturales más amplias.
Las estrategias propuestas son:
- Salvaguardar y sostener las prácticas y derechos culturales.
- ‘Ecologizar’ las operaciones e impactos de las organizaciones e industrias culturales.
- Sensibilizar y catalizar acciones sobre sostenibilidad y cambio climático a través del arte y la cultura.
- Fomentar una ‘ciudadanía ecológica’ global.

1. Salvaguardar y sostener las prácticas y derechos culturales
Este camino subraya la importancia de proteger las prácticas culturales y los derechos colectivos e individuales relacionados con la cultura. A través del papel de regulador y protector, las políticas culturales se enfocan en asegurar la continuidad y diversidad cultural a largo plazo.
Se reconoce que la diversidad cultural es un elemento intrínseco del desarrollo sostenible, como lo promueven instrumentos clave de la UNESCO, tales como:
- Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (2001).
- Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003).
- Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005).
Este enfoque no se limita a proteger la cultura como patrimonio material, sino que promueve el conocimiento y las prácticas culturales vivas que forman parte de las identidades colectivas e individuales. Ejemplos incluyen políticas dirigidas a comunidades indígenas, como los Sámi en los países nórdicos, donde se combinan preocupaciones sobre los derechos culturales, los recursos naturales y la educación
2. ‘Ecologizar’ las operaciones e impactos del sector cultural
Aquí, las políticas culturales adoptan un enfoque ambiental explícito. Este camino responde al desafío de integrar la sostenibilidad ambiental en las operaciones cotidianas de las industrias culturales y creativas, como teatros, museos, festivales y otras instituciones culturales. Las políticas actúan como traductoras y gestoras, incorporando principios de eficiencia de recursos y responsabilidad ambiental en la planificación cultural.
Por ejemplo:
- La ciudad de Lyon consideró los impactos ambientales en la renovación de su ópera.
- Cataluña incluyó indicadores ambientales en su Plan de Equipamientos Culturales (PECCAT).
Organizaciones como Julie’s Bicycle en el Reino Unido son modelos que promueven la reducción de emisiones de carbono y otras prácticas sostenibles en el sector creativo.

3. Sensibilizar y catalizar acciones sobre sostenibilidad y cambio climático
Este camino aprovecha el poder del arte y la creatividad para inspirar conciencia y acción sobre temas como el cambio climático, la justicia social y otros problemas globales. Aquí, las políticas culturales desempeñan roles de animadoras y catalizadoras, facilitando proyectos y expresiones artísticas que promuevan la transformación cultural necesaria para un estilo de vida sostenible.
Un ejemplo destacado de este modelo propuesto es la red europea Imagine 2020, que financia proyectos artísticos relacionados con la ecología y la sostenibilidad.
El arte y la cultura no solo informan, sino que también movilizan a la ciudadanía al ofrecer perspectivas críticas y emocionales sobre la crisis ambiental.
4. Fomentar una ciudadanía ecológica global
Este último camino promueve la idea de ciudadanía ecológica global, un concepto que trasciende las fronteras nacionales para abordar los desafíos medioambientales como una responsabilidad compartida de la humanidad. En este contexto, las políticas culturales actúan como educadoras y promotoras de una identidad global que fomente la responsabilidad y pertenencia hacia el planeta.
La ciudadanía ecológica requiere un cambio profundo en la manera en que las personas perciben su papel en el mundo. La cultura puede desempeñar un papel fundamental en la creación de un sentido compartido de responsabilidad y acción colectiva a nivel global.

El artículo concluye que, aunque la relación entre cultura y sostenibilidad ha evolucionado en las últimas décadas, aún persisten desafíos conceptuales y prácticos. La integración de la cultura en los marcos de desarrollo sostenible requiere un esfuerzo mayor para demostrar su impacto y valor. Los cuatro caminos estratégicos propuestos ofrecen una guía clara para que las políticas culturales contribuyan de manera más efectiva a la sostenibilidad global.
Además, se enfatiza que la implementación exitosa de estas estrategias depende de la colaboración entre gobiernos, organizaciones internacionales (como UNESCO y la ONU) y actores locales.
Artículo completo en:
Duxbury, N., Kangas, A., & De Beukelaer, C. (2017). Cultural policies for sustainable development: four strategic paths. International Journal of Cultural Policy, 23(2), 214–230. https://doi.org/10.1080/10286632.2017.1280789
