Bibliotecas y salud mental: bibliotecarias ante una crisis de violencia y abuso

Foto: Pixabay

Las bibliotecas de todo el mundo son cada vez más abiertas a todas las personas, sin discriminación alguna. Sin embargo, especialmente en las grandes ciudades, ese nivel de apertura, ese espacio de encuentro y de libertad para la comunidad, puede traer consigo abusos, maltratos y violencia.

Esta semana, el New York Times publicó un artículo de la periodista Christina Caron que muestra cómo, a medida que las bibliotecas se convierten en espacios públicos abiertos en medio de problemas sociales urgentes (falta de vivienda, consumo de drogas, salud mental), las personas que trabajan allí se están agotando.

Mychal Threets es un conocido bibliotecario que se destaca en redes sociales por su entusiasmo al promover la biblioteca y la lectura, con miles de seguidores atraídos por su amor hacia los libros. Sin embargo, en su trabajo como supervisor en la Biblioteca del Fairfield Civic Center, en California, enfrenta dificultades que van más allá del placer por la lectura, ya que la biblioteca se ha convertido en un refugio para personas sin hogar, con adicción y enfermedades mentales.

Mychal Threets 

En un año, la biblioteca registró más de 170 incidentes de comportamiento problemático entre sus visitantes, desde daños a la propiedad hasta amenazas y altercados físicos. Esto generó en Mychal Threets ansiedad y depresión, lo que finalmente lo llevó a renunciar a su cargo.

Este hecho cuestiona cómo las bibliotecarias y los bibliotecarios hacen frente actualmente a un dilema entre su vocación de servicio y su salud mental, ya que las bibliotecas se han convertido en centros de apoyo social y escenarios de conflictos culturales, lo que afecta profundamente a la salud mental del personal.

Más allá de sus funciones tradicionales, los bibliotecarios han asumido roles como asistentes sociales o profesionales de la salud mental, particularmente en zonas con alta población sin hogar. Misty Jones, la directora de la Biblioteca de San Diego y antigua oficial de libertad condicional y técnica en salud mental, señala que, para ella, esa preparación fue más útil incluso que su formación como bibliotecaria.

Lo que sucede es que muchas bibliotecas se encuentran en barrios conflictivos, donde a diario deben hacer frente a “usuarios” con problemas de drogadicción, vandalismo, peleas e incluso agresiones físicas a los trabajadores de las bibliotecas. Este tipo de incidentes genera una carga psicológica significativa en el personal. En algunas bibliotecas, como la de San Diego, se han producido suicidios y hasta un tiroteo en sus instalaciones, lo que intensifica la presión sobre los empleados. Y, como forma de compensación, esos trabajadores han recibido aumentos salariales para compensar las tareas adicionales que realizan, pero muchos de ellos se sienten superados y optan por dejar el trabajo. Misty Jones señala que “lo que hacen los bibliotecarios es heroico. Realmente intentan ayudar a todos, incluso cuando es lo más difícil de hacer”.

Misty Jones

Un estudio de 2022 mostró que casi el 70% de los bibliotecarios urbanos encuestados experimentaron comportamientos violentos o agresivos. Como si eso fuese poco, además de todas las situaciones de violencia, las bibliotecarias deben hacer frente a conflictos administrativos, edificios en mal estado y serias controversias sobre censura de libros. Casos como los descritos en este artículo muestran los crecientes desafíos a los que se enfrentan los trabajadores de bibliotecas, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.

Para abordar estos problemas, bibliotecas en ciudades como Los Ángeles, Denver y Nueva York están recurriendo a trabajadores sociales, ofreciendo naloxona (un antídoto contra sobredosis) y entrenando al personal para reconocer signos de enfermedades mentales y adicciones. También están creando organismos como Urban Librarians Unite, que, entre otras cosas, realiza grupos de apoyo para trabajadores de bibliotecas, desarrollados por otros colegas que conocen bien los problemas a los que se enfrentan.

En otros casos menos críticos y violentos, pero igualmente conflictivos, las bibliotecas de São Paulo reciben a una gran cantidad de personas sin hogar y para quienes han desarrollado programas que las integran en la biblioteca, reduciendo las posibilidades de conflicto. Algunas bibliotecas de Washington han incorporado duchas y hasta sirven desayunos para estos cada vez mayores habitantes de nuestras ciudades. Algunas bibliotecas de Catalunya han adoptado la figura de una profesional, normalmente una educadora, que no tiene un puesto específico en la biblioteca. Esta persona puede estar conversando con una niña que llora en la sala infantil y, al rato, puede mediar en una discusión con adolescentes. Se trata de atender, principalmente, a poblaciones migrantes, mediando para que se puedan integrar en las mecánicas y dinámicas culturales y sociales del país receptor, sin abandonar las propias. Son constructoras de puentes.

Biblioteca Pilarín Bayés, Vic, Catalunya

Las bibliotecas son lugares abiertos a todas las personas, sin discriminación en absoluto. Y eso no tiene retorno. Debemos entender entonces que nuestras comunidades conviven realidades que sobrepasan con mucho el libro y la lectura. El espacio de libertad que significa la biblioteca deberá dotarse de herramientas y estrategias que le permitan seguir siendo un lugar seguro y en donde es posible enfrentar estos desafíos, por el bien del personal que trabaja allí, así como por la promoción de una convivencia más sana y participativa en nuestras comunidades.

One comment

  1. Excelente compartir, Con esto de la pandemia que fue mundial, los alumnos y usuarios quieren
    todo digital, copiar y pegar si les dejan deberes, y hay docentes que dicen que los libros
    impresos ya estan obsoleto. A veces llegan a las Bibliotecas pero a jugar cartas, poker, etc, y
    si se llama la atencion, tiene el personal bibliotecario que tener paciencia, pues son muy malcriados y violentos, Gracias por compartir, Saludos desde El Salvador, Centroamerica

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